¿SUCESION APOSTOLICA O
SUCESION DE IGLESIAS?

Correctamente los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo le preguntaron a Cristo: “Con qué autoridad haces estas cosas? ¿Y quien te dio esta autoridad? (Mateo 21:23), porque toda la teología bíblica, desde el Antiguo Testamento hasta el Nuevo parte de la premisa que debe haber autoridad de Dios para inmiscuirse en los asuntos o negocios del reino de los cielos en esta tierra. Los fariseos sabían que Dios había enviado a Moisés y que Dios lo respaldaba: “Nosotros sabemos que Dios a hablado a Moisés; pero respecto a ése [Cristo], no sabemos de donde sea” (Juan 9:29). El problema era que los fariseos desconocían que estaban en presencia de Dios mismo, la máxima autoridad del universo.

UN CUESTIONAMIENTO VALIDO

Ahora bien, el catolicismo romano cuestiona al mundo protestante con la misma pregunta: ¿Quién les dio autoridad a Uds. para llevar a cabo la Gran Comisión o los asuntos del reino de los cielos, si nosotros somos la iglesia y Uds. una facción cismática? A lo cual el protestantismo responde: “Con la autoridad que nos da la Biblia ”, pero ¿Puede la verdad de la Biblia dar origen a una iglesia? Por supuesto que no, la Biblia es una guía para la iglesia, pero quien le dio vida y comisionó la iglesia es Jesucristo, y las iglesias protestantes llegaron 1500 años atrasadas a recibir la Gran Comisión. Por lo tanto, el cuestionamiento que la iglesia católica le hace al protestantismo es valido. Las iglesias protestantes no tienen autoridad de Dios para llevar a cabo la Gran Comisión , como tampoco los cientos de denominaciones cristianas que surgieron después de la reforma, bajo el alero de la teología de una supuesta iglesia universal invisible que comprende a todos lo creyentes salvos del mundo (la iglesia verdadera) para contrarrestar la visión universal visible que el catolicismo tiene de la iglesia del Señor y así justificar su razón de ser.

NI EL UNO NI EL OTRO

No obstante, lo irónico del asunto es que el catolicismo romano, aunque entiende la necesidad de autoridad para inmiscuirse en los negocios del reino de Dios, también carece de esta autoridad, porque a muy temprana edad abandonó todo principio eclesiológico que la calificaba para ser una iglesia de Jesucristo. El catolicismo ha malentendido por siglos la naturaleza de la iglesia y confunde el concepto de autoridad eclesiástica que la Biblia enseña, porque el Nuevo Testamento es clarísimo en establecer, en doctrina y ejemplo, que la autoridad de Dios se perpetua en una ordenada sucesión de iglesias como se ejemplifica en el libro de los Hechos de los Apóstoles, y no en una ordenada sucesión de obispos o sucesión apostólica, porque el oficio de apóstol era exclusivo para los hombres por Dios elegidos y que tuvo su fin con el apóstol Juan. La historia del Nuevo Testamento es una historia de sucesión de iglesias, este es el diseño de Cristo para preservar y perpetuar la pureza de la doctrina, la unidad de la fe, y su autoridad de iglesia en iglesia hasta el fin de los tiempos.

LA FALACIA DE LA SUCESION APOSTOLICA

Primero: El concepto de la sucesión apostólica surgió; primero, de una imprecisa interpretación de las Escrituras: “Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino, y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos ” (Mateo 16:18,19). Si se examina con cuidado el pasaje podrán darse cuenta que no es sobre Pedro donde se establece el fundamento de la iglesia, sino en las implicaciones de su confesión, porque Pedro recién había reconocido al Señor como el Cristo, el hijo del Dios viviente, y además hay un juego de palabras en griego: “Petros” [piedra] y “petra” [roca]. Pedro es la “piedra”, pero la “roca” es la verdad detrás de la confesión de Pedro por revelación divina. Por lo tanto, Cristo es la roca fundamental sobre la cual la iglesia está edificada, y el completo fundamento de la iglesia lo podemos encontrar en otro lugar de las Escrituras: “Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo” (Efesios 2:20). En relación a la delegación de autoridad al conferirle las llaves del reino de los cielos a Pedro para que todo lo que atare y desatare en la tierra fuera atado y desatado en el cielo, no sólo es efectivo en su persona, sino a todos los demás apóstoles, porque estas mismas palabras fueron dirigidas a todos ellos como iglesia: “… De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo” (Mateo 18:15-18) . Por lo tanto, la autoridad de Cristo reposa finalmente en la institución de la iglesia del Nuevo Testamento, no en el oficio de apóstol, porque si la autoridad de Dios hubiera estado en el oficio apostólico, entonces la Gran Comisión habría acabado con la muerte del último apóstol, San Juan; pero Cristo les promete estar con ellos siempre: “…he aquí estoy con vosotros los días hasta el fin del mundo (Mateo 28:20), y esta promesa sólo puede ser una realidad si Cristo les hablaba a los apóstoles como una institución, la cual se perpetuará hasta el final de los tiempos con la autoridad de Cristo reposando en ella.

Segundo: La pasión por el poder y las riquezas dio lado al desarrollo de u na jerarquía eclesiástica que empezó a darse en algunas iglesias en el segundo y tercer siglo. Ya no era solamente el pastor y su rebaño, sino que los pastores empezaron a tomar control gradualmente de las iglesias locales. Esta incipiente jerarquía dio a luz a obispos parroquiales (los que capacitaban a otros ministros o tenían escuelas), los obispos monárquicos (los que ejercitaban autoridad sobre otras iglesia locales), y los obispos metropolitanos (los que estaban a cargo de todas las iglesias dentro de un área geográfica). Junto con esta desviación del patrón del Nuevo Testamento, también se venía gestando la herejía del bautismo infantil que fue el resultado lógico e inevitable de la enseñanza de la regeneración bautismal, que trajo consigo membresías no regeneradas en las iglesias. Estas iglesias, habiendo apostatado de los principios eclesiológicos del Nuevo Testamento, estaban listas para amalgamarse con el Estado bajo el emperador Constantino para dar inicio a la iglesia católica romana, y de ahí en adelante la iglesia tuvo el poder la espada para forzar a los que no querían unirse a la iglesia Estatal, y comenzó la más sangrienta persecución religiosa que el mundo ha conocido.

UN REMANENTE FIEL

Muchas iglesias se mantuvieron firmes al patrón del Nuevo Testamento y protestaron abiertamente contra las desviaciones de la iglesia Estatal. Las primeras protestas en contra de estas desviaciones fueron encabezadadas por los Montanistas, los Novacianos, y Donatistas durante el siglo II hasta el siglo VIII y su vehemente protesta era por la evidente la falta de disciplina y mundanalidad de las iglesias estatales. Cuando la iglesia estatal tuvo el poder de la espada forzó a estos cristianos a unirse a la iglesia amparada por el emperador, y esto trajo consigo sangrientas persecuciones haciendo que estos grupos de creyentes huyeran a los valles del Piamonte donde después fueron llamados Valdenses. En estos apartados lugares montañosos lograron existir por más de mil años. Todos estos grupos eran tildados de Anabautistas, es decir rebautizadores, y después fueron llamados bautistas. Todos ellos dieron testimonio fiel de las enseñanzas de Cristo en la edad del oscurantismo. Y en el tiempo de la reforma pululaban por toda Europa. Los actores de la reforma protestante debieron haberse unido al remanente de iglesias apostólicas en ese tiempo, y no empezar iglesias estatales del mismo tipo de la que venían saliendo. En la actualidad, este remanente de iglesias apostólicas son conocidas como iglesias bautistas, pero no se crea que es el nombre lo que hace a una iglesia bíblica, sino que es la teología y la práctica.
El Señor ha sido fiel a su promesa, la perpetuidad de la iglesia es una doctrina bíblica claramente establecida y satifactoriamente corroborada por la historia. Siempre van a haber iglesias que den testimonio y representen fielmente su Nombre en esta tierra: “… y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén” (Mateo 28:20).

Héctor Hernández Osses
Pastor Bautista
hectorihernandez@hotmail.com
Temuco - Chile

 

TEMUCO - CHILE